La nueva Rusia, la energía… y Schröder
Publicado por Guillermo Muñoz Díaz en Jueves, 20 Noviembre, 2008
Con la caída del Muro de Berlín, se cerró la Guerra Fría. Y veinte años después, no faltan voces que apuntan a una reedición de la confrontación, nuevamente contra Rusia. Según informaciones de los servicios de inteligencia españoles, existe un plan del gobierno ruso para monopolizar los accesos energéticos tradicionales (petróleo y gas) a Europa. Justo en el momento en el que los rumores de compra de la española Repsol por la rusa Lukoil (antes se apuntó a la pública Gazprom) toman cuerpo de noticia.
Tras, como decimos, veinte años, justo cuando el modelo económico occidental está un tanto en entredicho, no es éste (el capitalismo) el motivo de enfrentamiento, si no la causa tradicional e histórica de las confrontaciones entre naciones: la riqueza. La riqueza del siglo XXI, la energía. Una riqueza en la que Estados Unidos y Rusia son competidores tanto en reservas como en explotación, con inmensos intereses en atraerse políticamente gobiernos de otros países productores (Irak, Irán, Venezuela…); treinta, cuarenta, cincuenta años después de guerras por diferentes razones (no energéticas) en Corea, Vietnam, Afganistán…
Con el final de la Guerra Fría, el mundo presenció un supuesto triunfo del capitalismo en su versión más radical frente al comunismo. Una versión radical que ahora se nos presenta como muerta. A su vez, desde la izquierda sugió un movimiento renovador, la llamada Tercera Vía, cuyos máximos exponentes fueron Tony Blair y Gerhard Schöder, dos socialdemócratas que, en dos de las principales potencias europeas, cuando el capitalismo triunfó, colocaron en el gobierno a partidos de centroizquierda (tras largos gobiernos conservadores de Tatcher y Kohl). Pero, pese a mantener una base ideológica similar, la deriva de ambos ha sido sustancialmente divergente: la imagen del primero de ellos, el gran artífice de la renovación, ha caído en picado por su aprente sumisión al gobierno de George W. Bush. El segundo, tras retirarse de forma honrosa de la política (logró que su partido, casi desahuciado públicamente, sea fuerza de gobierno en el actual gabinete socio-conservador liderado por Merkel), ha pasado a la actividad privada. Una actividad privada en el mercado energético, como Presidente del Comité de Socios de la Junta Directiva del Gasoducto Noreuropeo. Tras este largo nombre, se esconde un proyecto financiado, fundamentalmente desde Rusia, con el objetivo de exportar gas por el Báltico hasta occidente, evitando países ex-comunistas (con fuerzas políticas potencialmente anti-rusas). Curiosamente, los dos líderes emergentes de la nueva política, acabaron sus carreras refugiados entre los restos distantes del conflicto anterior.
Pues precisamente en este punto de crisis, de renovación gubernamental en Estados Unidos, en el que el planteamiento político tradicional está discutido, emerge de nuevo Rusia como potencia internacional en expansión, confirmando las previsiones de un nuevo enfrentamiento frío con Rusia. Sólo queda saber quién estará al otro lado. ¿Estará Estados Unidos? ¿Estaremos todos los países “occidentales”? ¿Qué pensará Schröder? ¿De qué lado estará? ¿Caerá en el ostracismo de Tony Blair? ¿Se le pedirán públicamente hipotéticas responsabilidades? Respondiendo a las dos últimas preguntas probablemente, no.
